6 de enero de 2010

Las sirenas

- ¿Escuchás como sale el barco? -me dice en alta voz Mamá Chan desde su cuarto. Del otro lado de la pared, me detengo a escuchar el sonido en el ambiente e identifico las bocinas lejanas de la avenida y el suave ronroneo de un motor, como de aspas batiéndose.

- Son los barcos saliendo del puerto -prosigue madre, en su peregrimar a quien sabe qué recuerdo de la infancia junto al río. -Hace un rato se escuchó la llamada, la sirena del barco... Ahora sale. Son esos cruceros que vienen al puerto en verano y después siguen viaje -sostiene tozuda. -Quizás recalan en Montevideo antes- agrega.


"No", pienso, "no tiene fiebre". Tampoco puede ser el calor, porque sopla una brisa fresca, un bálsamo tras varios días de calor pegajoso y húmedo.

Nuestra casa, ubicada en un piso once, tiene la particularidad de una vista agradable y buena ventilación, pero difícilmente el aire nocturno traiga los ruidos del Puerto de Buenos Aires, o se alcance a ver el contorno de un crucero perdiéndose en el horizonte.

Por más alto que sea un edificio en ésta zona de la Ciudad, no se llega a ver el Puerto, ni siquiera los muelles desde donde salen los buques a Uruguay.

Quizás desde lo alto de una torre muy moderna, y en un día despejado, se puede apreciar la imagen de un barco partiendo desde un muelle, cargado de turistas y con extraños lujos como una pileta para navegar en el mar. Ya no viajan ni las vacas ni los baúles, aunque sospecho que todavía pasan desapercibidos de tanto en tanto los polizones.

No olvido que es más de medianoche, y que todo puede ser un sueño. Aún así, no creo que Madre esté alucinando. Sólo se sumerge un rato en sus recuerdos más preciados cuando la realidad la aburre. En cambio, yo escucho a lo lejos como se baten a todo lo que da las hélices de un helicóptero que sobrevuela la zona.

Quizás es el "Ojo en el aire"... o quizás puedo mantener la ilusión...

4 de enero de 2010

Maté a Sandro

Interior - Tarde - Casa de Mariten

Eran alrededor de las siete de la tarde de este 4 de enero de 2010, cuando la que suscribe y Mariten tuvieron la siguiente conversación, mientras miraban la pantalla de la laptop de M, donde una vez más los sitios digitales daban cuenta del delicado estado de salud de Roberto "Sandro" Sánchez, el Gitano.




Mafalda Chan: "Uh, que se muera de una vez"


Mariten: "¡No! ¿Cómo vas a decir eso? ¿Cómo lo vas a matar así?"

MC: "Y sí, ya está... ya es demasiado, demasiadas idas y venidas, ya está jugado, no da para más... ya fue Sandro"



Horas más tarde se publicaban las primeras necrológicas para el Gitano, un grande de América. Luchó durante años contra un efisema pulmonar, sobrevivió admirablemente más de un mes después de un trasplante cardiopulmonar, y murió hoy, a los 64 años de edad, en el Hospital Italiano de Mendoza donde estaba rodeado por su mujer, y sus nenas.

Ah, y creo que maté a Sandro, pero eso sería arrojarme demasiado poder, no?

31 de diciembre de 2009

Mi increíble capacidad para...

Pedir un deseo de Navidad y después echarlo a perder.
Pasar 30 horas despierta y quedarme dormida cuando tengo que reaccionar.
Llorar x la leche derramada.
Sacar la mierda para afuera cuando todo el mundo mira.
Exasperarme conmigo, en vez de corregirme.
Llegar tarde a todo, a todas partes, a todos.
Dejar en banda a quienes quiero y tener el despreciable hábito de apelar a la indulgencia de ellos.
Caminar durante cuadras para tomarme el bondi metros antes de llegar.
Perder los bondis, trenes y subtes. Todos. Helicopteros también.

Estoy lista para dejar ir el 2009. Mi única resolución de Año Nuevo, he decidido, es ser otra persona. Una que no deje que todo se vaya a la mismísima mierrrda.